lunes, 29 de julio de 2019

¿Colapsa la salud pública en la CABA?


Debate:

¿Colapsa el sistema público de salud de la CABA?

El sistema de salud en Argentina se compone de tres sectores: la salud pública, la seguridad social y la medicina privada.
Estos sectores comparten intereses y estructuras de organización, así como usuarios de los tres subsectores.
La desregulación de las obras sociales (DNU 446/2000) inicialmente resistida por el sector privado y las obras sociales sindicales, que argumentaban un incremento del costo de las prestaciones y el rechazo a la obligatoriedad de ofrecer la misma calidad de servicios para todos los usuarios, dio paso a un nuevo sistema de negocios, que borró los límites antes establecidos en los tres subsistemas.
Las obras sociales sindicales, principales protagonistas de la seguridad social, propiciaron la creación de sistemas de medicina pre paga desde sus propias estructuras sindicales, ofreciendo planes diferenciados de acuerdo a categorías determinadas por la suma aportada por el beneficiario.
Como ejemplo de lo anterior, en la actualidad la UPCN cuenta con el sistema solidario sostenido por el aporte obligatorio del trabajador registrado, y un sistema de medicina prepaga que en realidad es un seguro de pago anticipado, bajo condiciones de contratación dependientes del costo asignado a cada plan. Nada diferente de los planes de cobertura de la medicina privada o pre paga.
Y en el sector de la medicina privada, las empresas líderes constituyeron contratos con usuarios que derivaron sus aportes solidarios y obligatorios originados en sus haberes, los que fueron trasladados en algunos casos a través de entidades sindicales que oficiaron de puente con la empresa privada, para acceder a servicios ofrecidos desde el sector privado, básicamente diferenciados por la atención de hotelería.
En todos los casos, la desregulación exigió el cumplimiento del PMO.
Asimismo florecieron planes especiales para “jóvenes”, para la “tercera edad” o planes para “mayores”, diferenciados por el costo y la proyección de la utilización de los beneficios del sistema, de acuerdo a la composición etaria.

El sector público no quedó exento del proceso de privatización y reforma del estado, transfiriendo a empresas privadas la provisión de diferentes servicios, entre ellos alimentación, maestranza, mantenimiento, así como convenios con instituciones privadas para servicios de diagnóstico de alta complejidad, por ejemplo RMN.
En conjunto, la política sanitaria se orienta en los preceptos fundados por el Banco Mundial en 1993, contenidos en el informe “Invertir en salud”, en el que se recomendaba mantener servicios de bajo costo en el sector público en un esquema de prestaciones básicas y la transferencia al sector privado de aquellas prestaciones financiadas por el usuario y que garantizaran un beneficio económico, en definitiva una ganancia obtenida del negocio de la salud.

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires cuenta con un servicio de salud pública constituido por 34 hospitales, 1 Centro Asistencial, 45 CESAC, 39 Centros Médicos Barriales, 2 Centros de Salud Mental y 2 Centros Odontológicos Infantiles.
Es sin duda la mayor organización de la salud pública de una ciudad en todo el país.
Sin embargo afronta el déficit presupuestario, el deterioro edilicio de estructuras hospitalarias centenarias y el retraso del recurso tecnológico e informático.

Observando la estadísticas publicadas por el Ministerio de Salud de la CABA, el total de los egresos hospitalarios entre 2015, 2016 y 2017 (última estadística publicada), mantiene cifras similares: 168422, 166098 y 161461 respectivamente.
El promedio de camas disponibles (un indicador clásico de salud) en el mismo período presenta cifras similares: 7027, 6981 y 6986.
El porcentaje de ocupación también registra valores similares: 71, 71 y 69%.
En las consultas externas hospitalarias, se registran 8.911.016 en 2015, 8.348.760 en 2016 y 8.095.950 en 2017.
La diferencia de consultas externas entre 2015 y 2017 asciende a 815.066 consultas, 9% menos que en 2015.

Esta declinación del número de consultas externas en los hospitales de la CABA, en el trienio analizado, no puede ser considerada como una expresión unívoca de colapso, ya que las variantes intervinientes escapan a los datos que podrían permitir un análisis pormenorizado.
Como no podemos desagregar los datos de los usuarios, por ejemplo la “cercanía” a los hospitales, o si el costo del traslado fuertemente incrementado por las tarifas de transporte público limitaron la asistencia, u otros factores que escapan a este análisis, que incluyen por ejemplo la oferta de servicios de salud en el conurbano que podrían haber absorbido parte de la demanda en la CABA, sólo podemos afirmar que las diferencias decrecientes en los egresos no es significativa y que el número de camas habilitadas para internación, se mantiene estable.

No es posible determinar si la calidad de empleo en la población que demanda servicios de salud, puede determinar las variaciones presentadas.
Sin embargo, el empleo registrado que se encuentra en caída en el primer trimestre de 2019,  debería declinar la absorción de la demanda de la seguridad social, más aún cuando el nivel de desempleo en la CABA en el primer trimestre de 2019 es de 10,7% y la subocupación horaria es de 9,3%.
Para el tercer trimestre de 2017, considerando el lapso de salud analizado, la desocupación en la CABA fue de 11,2% y la subocupación horaria 9,2%.

Evidentemente la mayor desocupación registrada en el tercer trimestre de 2017, no influyó en la afluencia al hospital público o en la demanda de la salud pública en la Ciudad.
Entonces ¿colapsa el sistema público de salud porteño?

El colapso significa la paralización o disminución importante del ritmo de una actividad o la destrucción de un sistema o estructura.
De ser así, sería pertinente la declaración de la emergencia sanitaria, que determinaría profundos cambios en la organización hospitalaria.

Basta como ejemplo la declaración de emergencia en 2009 (Decreto CABA  Nº: 604 / 2009
Publicado en el B.O. CABA Nº 3207 el 02-07-2009), en oportunidad de la epidemia de Influenza A H1N1.
¿Qué dice el decreto?

Artículo 4°.- Facúltase a los Directores de Hospitales de Ministerio de Salud de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con carácter excepcional, durante el plazo de vigencia de la emergencia declarada por el artículo 10, a convocar al personal de enfermería jubilado en los tres (3) últimos años a prestar servicios en los efectores en los que se hubiesen desempeñado. Los servicios que prestaren en razón de la convocatoria que por la presente se dispone será abonada mediante el sistema de Módulos de Enfermería. El personal convocado será identificado mediante la ficha Censal que utilizara hasta el momento de acogerse al beneficio jubilatorio.
Artículo 6°.- Facúltase al Ministerio de Salud a designar profesionales en carácter de suplentes de guardia, por sobre el tope establecido por el Decreto N° 156/08 a propuesta de los Directores de Hospitales, sin sustanciación del proceso de selección. A los profesionales designados de conformidad con el presente Artículo se les asignará una Ficha Censal provisoria y su nombramiento caducará indefectiblemente una vez finalizada la emergencia que por la presente se dicta.
Artículo 7°.- Establécese, en el marco de la emergencia, la libre disponibilidad de los suplentes de guardia de los efectores del Subsector Estatal de Salud de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, facultándose al Ministerio de Salud a distribuir dichos profesionales, entre los distintos hospitales de su dependencia, en forma transitoria y para cubrir las necesidades operativas de los servicios correspondientes.

Como vemos, la emergencia aún sin el colapso, provocó enormes cambios en la relación laboral de los agentes de salud de la CABA.
Justamente porque la caracterización de la situación sanitaria exige un pormenorizado análisis, las conclusiones obtenidas determinarán la orientación de la intervención política y una propuesta programática.

Regresando a la cuestión del estado de situación de la salud pública en la CABA, dos situaciones han ocupado la escena del último trienio.

En primer lugar la modificación de la Carrera Profesional, que introdujo cambios en el régimen de los concursos para el ingreso al sistema, en la temporalidad de los cargos de conducción (que pasan a un sistema de revalidación al cabo de un determinado período de tiempo), en la elección de directores y subdirectores de los hospitales (que ya no serán por concurso de oposición y antecedentes sino por designación del Ministerio de Salud de la CABA) y en la exclusión o desconocimiento de la profesión de enfermería, relegada a un convenio establecido en el escalafón general.
A pesar de la fuerte movilización que reclamó el pase a la Carrera Profesional, los profesionales de enfermería no obtuvieron el reconocimiento y menos aún el pase a la carrera.
El empuje del reclamo fue de tal magnitud que fue acompañado por los enfermeros del sector de la salud privada.
Conviene señalar que la Carrera Profesional se convirtió a partir de 2005 en el primer Convenio Colectivo de Trabajo firmado por el gobierno de la ciudad y la Asociación de Médicos Municipales, con la venia de la Federación de Profesionales que nuclea a los profesionales no médicos.
La diferencia sustancial entre el convenio de los profesionales y el escalafón de enfermería se resume en la escala salarial, en la categorización del profesional y en el conjunto de reglas, por ejemplo el régimen de licencias.
La nueva carrera aceptada por la AMM modifica el régimen laboral en detrimento del profesional ingresante, pero en conjunto supera el régimen del escalafón de enfermería.
Es necesario señalar que el reclamo por la inclusión de la enfermería en el régimen de la Carrera Profesional, implica el reclamo al ejecutivo porteño de la firma de un nuevo convenio colectivo en el que debería intervenir el SUTECBA. O en su defecto la inclusión de los profesionales de enfermería en el CCT de los médicos y otras profesiones incluidos en él.
En todo caso el movimiento de enfermería por el pase a la Carrera Profesional debería dirigirse tanto al gobierno (empleador) como al gremio que los representa (SUTECBA).

Es obvio que un reclamo de esta naturaleza se opone tanto a los intereses patronales como a la burocracia sindical que le impone un acuerdo salarial a la baja, reteniendo bajo su dominio al personal de enfermería.
Cualquier lucha en reclamo del pase a la Carrera, no puede escindirse de la lucha por la expulsión de la burocracia de los sindicatos.

El otro punto de atención en la salud pública porteña, fue el proyecto de cierre y reubicación de cuatro hospitales en el predio del Muñiz, conocido popularmente como el 5x1.
La mayor resistencia al proyecto de reconversión de los hospitales monovalentes fue protagonizada por los trabajadores del Muñiz y en segunda instancia por el Marie Curie y el IREP.
El proyecto 5x1 se enmarca en su antecesor, el “plan master” que fue rechazado principalmente por los profesionales del Hospital Muñiz, contrario a la posición favorable de la AMM y el SUTECBA en aquel tiempo.
El movimiento de rechazo se generó a partir de diciembre de 2017 y se mantuvo firme buena parte de 2018, hasta el comienzo del último trimestre del año. 
Por ahora el gobierno no ha insistido a pesar que el proyecto se mantiene vigente.

Uno de los aspectos controvertidos y que ha dividido las opiniones principalmente entre los profesionales, sobre la conveniencia de unificar los 5 hospitales en un centro polivalente en el predio del Muñiz, se refiere a la situación edilicia del Muñiz, que denota la falta de inversión en el sector de guardia y en el abandono de los edificios que no fueron reciclados oportunamente y que hoy son irrecuperables. 

Sin embargo, como el proyecto de unificación incluye también modificaciones en la estructura del recurso humano, en la creación de una dirección general centralizada de los 5 hospitales y en la sustitución de las direcciones de cada hospital por una suerte de gerencia administrativa, el rechazo al proyecto se mantiene vigente.

La CUS

La crisis social domina la escena.
La afluencia masiva a las guardias de los hospitales generales de agudos, muchas desbordando la capacidad operativa y la respuesta al paciente, no determinan el colapso del sistema.
No hay que perder de vista que el problema es el negocio capitalista de la salud.

La cobertura universal de salud (CUS) es un plan que tiene como antecedente la Cobertura Porteña de Salud (Ley 2597/07) que se sustenta en la nominalización del beneficiario y en su lugar de residencia o empleo. Artículo 4° - Servicios. La autoridad de aplicación garantiza a los habitantes comprendidos en artículo 2° de la presente ley, la atención integral, personalizada y gratuita, según los criterios de organización del primer nivel de atención establecidos en el Capítulo Segundo de la Ley N° 153, en una red de complejidad creciente, como puerta de entrada al sistema a través de los médicos de cabecera, debiendo estar la residencia y/o lugar de trabajo del paciente dentro del área programática o delimitación geográfico sanitaria que se establezca en un futuro.

A diferencia de la Cobertura Porteña, la Cobertura Universal de Salud (CUS) es una estrategia priorizada por la Secretaría de Gobierno de Salud de la Nación para disminuir las desigualdades de salud entre las jurisdicciones y los distintos tipos de cobertura (pública, de la seguridad social y privada), según su propia definición.
Es decir que la CUS es la continuidad del sistema imperante en la CABA, que en definitiva se dirige a disminuir el gasto público, y persiguiendo el financiamiento a través del llamado “tercer pagador”, que opera como recuperador del gasto a través de la facturación a las obras sociales y al sector privado que se asiste en los hospitales públicos.

No es novedad que este recupero ya existe y que los hospitales porteños facturan los gastos a las obras sociales (incluido el PAMI) y a la medicina prepaga, y que la totalidad de los trabajadores de la salud del gobierno de la CABA, reciben un porcentual del total de la recaudación que se paga dos veces al año, mecanismo que incentiva la identificación del usuario y la facturación correspondiente.

El gobierno presenta la CUS  como un avance en el acceso a la atención primaria, consistente en la nominalización de la población y una estratificación regional o zonal, que determine las necesidades poblacionales. La informatización y la base de datos se presentan como una mejora en la calidad de la prestación y un mejoramiento en el acceso (turnos telefónicos).
La transferencia de recursos a las provincias (financiamiento) queda sujeta al cumplimiento de las metas del programa.
Nada diferente a las recomendaciones del Banco Mundial en 1993, que promovía la salud familiar y comunitaria, los servicios de salud esenciales, y la transferencia al sector privado de los servicios que pudieran garantizar una extracción de ganancia a la empresa privada.
Pero este esquema ha atravesado toda la experiencia desde el hospital de autogestión en la década del 90, hasta el presente, incluyendo los gobiernos kirchneristas.

Atribuirle exclusivamente al macrismo la iniciativa fundacional del proyecto de privatización, nominalización y asistencia primaria de bajo costo, es concederle al peronismo kirchnerista, una estrategia política diferente a la directiva del BM.

El centro de atención debería centrarse en la denuncia del negocio capitalista de la salud, que incluye la provisión de servicios esenciales de bajo costo y la transferencia al sector privado de los mayores negocios.
La fragmentación del sistema sanitario nacional es la condición inseparable para atender al beneficio de los subsectores que forman el sistema argentino,  vale decir el estado, la burocracia sindical y los capitalistas que por otra parte han reconcentrado la oferta de servicios constituyendo un oligopolio que impone las condiciones al estado, obteniendo aumentos enormes en las ganancias producidas por el cobro de los servicios a sus afiliados.

La clave del problema es el negocio capitalista de la salud y es hacia allí donde debemos dirigir nuestra denuncia y nuestra propuesta de salida, que es obviamente un cambio en las relaciones sociales, un cambio en la organización social, bajo la conducción de un gobierno de trabajadores.
No hay ninguna expectativa y resulta falso promocionar la posibilidad de asistir el reclamo de la enfermería sin una lucha a fondo contra la burocracia sindical.

El régimen social es el límite para acceder a reivindicaciones que solo se producirían en un escenario de confrontación y avance de las luchas que cuestionaran a fondo el negocio de la salud.

La ausencia de una caracterización del negocio capitalista de la salud y una delimitación con el nacionalismo de contenido burgués, retrotrae la discusión a la consigna de “Volver a Carrillo”, sostenida por el kirchnerismo, que reclamaba entre otras cuestiones, la producción pública de medicamentos sin desconocer la ley de patentes y los límites impuesto por la OMC.
El slogan de la atención primaria ha sido sostenido por todo el arco político, desde los privatizadores hasta los progresistas y la izquierda, obedeciendo al dictamen de Alma Ata en 1978.

De no mediar un cambio en la organización social, el colapso sanitario será un episodio más, del derrumbe capitalista.
Luis Trombetta
22/07/19

domingo, 21 de julio de 2019

Mugre, festejos y salutaciones en la Facultad de Medicina


Mi publicación en Facebook de unas fotografías tomadas en la vereda de la Facultad de Medicina de la UBA, en la que se muestra la inmundicia que acompaña los festejos del reciente egresado universitario, despertó algunos comentarios, entre ellos el que señala que el festejo aludido es un hecho cultural y contrapone la diferencia en el comportamiento del Estado ante los puestos de comidas y la higiene de las calles, de acuerdo a la zona de la Ciudad privilegiada por la política.
Exactamente, es la política la que decide.

Pero yo estoy señalando que la inmundicia que siembran egresados universitarios, es un comportamiento individual y de su entorno, que ha tomado un carácter generalizado, apartándose de la singularidad, para adquirir una nueva categoría, es decir, una nueva costumbre, que sinceramente, tampoco es nueva. Y tampoco está sujeta a una política en particular.
También ocurría cuando ingresé a la Facultad con el gobierno de Cámpora y cuando egresé con la dictadura militar.

Lo curioso es que se naturaliza que ensuciarse, ensuciar a otro, incluso el espacio público, contenga un carácter liberador del pasaje de la condición de estudiante a egresado universitario.

Si la mugre y el recubrimiento con diferentes sustancias (muchos de ellas alimentos) surge como la alegría de haber culminado un ciclo, sería más lógico que enlodaran a la universidad (victimaria) y no a las víctimas del estudio, sufrientes de materias y exámenes.
Si haber alcanzado el objetivo o meta del estudiante, lo premia con basura que se extiende desde el cuerpo hacia el espacio público, y mostrarse ataviado de ropas sucias, convertido en una masa de productos que definitivamente producen un rechazo natural, bueno sería saber por qué no les regalan rosas, perfumes, flores, laureles, en vez de una corona de asquerosidades.

Respecto al local que vende comida en la entrada de la Facultad, lo primero que pienso es que alguien habilitó su permanencia, y probablemente sea el mismo que le permite vender alimentos perdiendo absolutamente la cadena de refrigeración, el control bromatológico y seguramente la infinidad de irregularidades impositivas.

El enlodamiento del egresado, cual lapidación con alimentos y bebidas, es un festejo bizarro.
Incluso debería ser considerado como el eufemismo del castigo físico.
Tirarle o romperle huevos frescos en la cabeza del egresado, es una expresión de un impulso reprimido, agresivo, sobre la víctima egresada.

Me pregunto si el hecho en sí de egresar, de resolver satisfactoriamente la última prueba o examen, no despierta en sus acompañantes circunstanciales en el momento de la lapidación con comida, un deseo de posesión del cuerpo del otro, del egresado que se ha separado de su anterior grupo y que ahora ya no pertenece a ese linaje.
Esa nueva pertenencia, mejor dicho el ingreso a una nueva categoría (egresado/profesional), pone una distancia entre el emergente y su anterior pertenencia.

¿Es una felicitación o es un castigo?

Cuando yo aprobé el último examen que daba por terminada mi carrera como estudiante, el examinador (no daré su nombre, pero fue una eminencia en su especialidad), no solo me sometió a un interminable interrogatorio sobre mis conocimientos de la materia del que salí con su aprobación, sino que además me estrechó la mano, me dijo casi textualmente que ahora estaba en el "otro lado" de la mesa examinadora, y que además me invitaba a continuar junto a él en mi futura especialización.

Evidentemente, la condición de estudiante, tiene un lado B poco publicitado, pero muy reconocido por todos.
Materias que no atraen, docentes que no satisfacen al alumnado, superposición de materias, horarios, y dificultades que imponen una estancia sacrificada, en pro de la obtención del título profesional. Es vencer la “carrera” de obstáculos.

¿Y cuando finaliza el ciclo de sometimiento (disculpen que lo llame así), los amigos lo embadurnan, lo dejan a la intemperie, le sacan fotos, los ridiculizan en la calle y como si fuera poco, frente a sus familiares y amigos los enmarcan en la apoteosis de la inmundicia, el ahora egresado recibe el premio del castigo corporal (y por qué no psíquico), que lo pone bajo el signo del sindrome de Estocolmo, versión universitaria?

¿No habrá en esta escena de sometimiento, un sentimiento de culpabilidad, que se paga entregando el cuerpo a los verdugos que celebran al reciente graduado?
El deleite, el placer, la satisfacción individual no es motivo ni causa de juicio, aprobación, ni debate público. Menos aún de legitimación por un jurado.
El cuerpo y la mente, pertenecen únicamente a la persona y cada individuo es absoluto dueño de sus elecciones.

Si gusta una determinada forma de adquirir el placer (y por supuesto no me refiero a las conductas antisociales, perversas, o directamente ofensiva o criminales), no hay lugar ni a la crítica ni a su justificación.

Pero que se apruebe o se contemple como un cambio cultural virtuoso una acción que descalifica al individuo, a la persona, va más allá de la tolerancia y la comprensión de una nueva cultura,  de un floreciente paradigma cultural superador.


¿La mugre es la expresión de una cultura progresista?
A mí no me gusta.

domingo, 7 de julio de 2019

La crisis en la izquierda

Aventuro que este comentario será criticado desde diferentes vertientes.
A esta altura de mi vida, privarme de mi opinión es una oportunidad que no acepto perder.

Desde mi juventud viví los vaivenes y divisiones en el seno de la izquierda revolucionaria.

La izquierda integrada al Estado, ya no figuraba como opción para la juventud.
El Partido Socialista, dividido entre el socialismo popular y el socialismo argentino, eran variantes socialdemócratas, pero mucho más, eran gorilas.
Rabiosos antiperonistas, fueron con el partido comunista, aliados de la Unión Democrática y del golpe del 55.

Para mi juventud, las opciones eran la izquierda que miraba a Cuba.
Y la Juventud Peronista de la Tendencia Revolucionaria, acaparó la atención de millones de jóvenes.
El foquismo, ya fracasado en Salta, renovó sus chances con el militarismo que se reclamó algún tiempo, trotskysta.

Política Obrera fue mi brújula.

Construir un partido obrero, no abandonar el internacionalismo, trabajadores al poder.
Simple de decir, difícil de construir.
Pasaron los años y crecimos.
Dejamos el 0.15 y pasamos a figurar en sindicatos, en universidades, y subimos a la escena nacional hace muy poco: el "milagro de Altamira".
El FIT, la tribuna parlamentaria, listas clasistas, direcciones sindicales (pocas, eso sí) y el regreso (otra vez) de las expectativas en el nacionalismo burgués, ahora encarnado en el kirchnerismo gracias al precio de los commodities, (digamos el precio internacional de la soja).

La crisis económica mundial en el 2008, hizo decir a buena parte del establishment, que Marx no se había equivocado.

La ley de la tasa de ganancia decreciente se confirmaba.

Y a pesar que las condiciones objetivas demuestran la decadencia capitalista, en definitiva la incapacidad de la clase burguesa para desarrollar el bienestar de la humanidad, la subjetividad de la clase obrera atrasa.

Y en nuestro país, vivimos el revival de un nacionalismo que no lo es, marchito, falso, de la mano de una burguesía parasitaria, y profundamente anti obrera.

Pero el peronismo, el cadáver insepulto, es un muerto que no para de nacer.

¿Será así?

Con el tiempo se nos fue para la cresta
De una ola que no para de crecer
Hoy su cara está en todas las remeras
Es un muerto que no para de nacer

¿El Kirchnerismo vuelve deformado en la versión PJ/Fernández-Fernández?

Cuatro ebrios se lo llevan al rockero
Se lo llevan para siempre
Se deforma y pronto vuelve

¿El kirchnerismo es el muerto que regresa deformado?

En todo caso, para la “grieta”, funciona como antítesis del macrismo.
No importa que sepamos que engañan. La subjetividad de las “masas” no lo detecta.
Y ese es el origen del problema.

Llevado al terreno de la medicina (dijo Wirchov que la política era medicina en gran escala), un diagnóstico equivocado, desacertado, tiene destino de fracaso.
Aun acertando con los “síntomas”, pifiando el diagnóstico, solo la suerte te salva del desastre.

Y cuando no entendés qué es lo que pasa, y si además las hipótesis no se comprueban, se derrumba el andamiaje teórico y demás está decir, se pudre todo.

Me recuerda a los almuerzos de mi familia en el politizado ´72: se discute, se pelea, algunos quieren separar pero todos quieren pegar!

Y la crisis atraviesa a la izquierda, que discute cómo interpretar la situación (el diagnóstico), y como ganar la confianza en nuestras propuestas (el tratamiento).
Pero la realidad es que el discurso y la acción “no coagulan” en la clase trabajadora, que tiene expectativas en el resucitado kirchnerismo pejotista.
No es fácil.
Y se pasan facturas.
Y la discusión no sale de un reducto militante.
No discute la clase obrera; no discuten los sindicatos; no discuten organizaciones barriales.

Y me quedo sin palabras.
Porque siento de nuevo el fracaso de mi generación.
Y porque la subjetividad, la conciencia de la clase para sí, sigue demorada.
Y porque en las vísperas de un nuevo fracaso, no podemos descubrir por donde pasa ese puente de la historia, que nos lleve a las puertas de un nuevo intento de tomar el cielo por asalto.

Luis Trombetta