domingo, 17 de mayo de 2020

Terminar de una vez con la impunidad de los asesinos del proceso



Leo recién que extraditaron a un esbirro de la ESMA, de 69 años, y que participó activamente en secuestros, torturas y asesinatos entre ellos el de Walsh. 

La foto de Tiempo no deja ver su cara.

Desearía que fuera llevado a la televisión y se le hiciera un extenso reportaje, que su rostro fuese publicitado, que su familia pudiera verlo en la tele, que sería mucho mejor que su familia lo acompañara en el reportaje según, que nos contara como ahorcaban a los detenidos según comenta Tiempo, y que nos dijera todos los secretos que todavía guardan.

No sería inapropiado que se invitaran a otros militares para que departieran sobre sus hazañas.

Si llegara a juicio, tendría otra nueva oportunidad para relatar cómo siguió su vida de relación con las empresas navieras que lo acobijaron, y sus vínculos internacionales.

Si llegara a tener condena, habría que buscar un lugar donde se lo pudiese ver, algo como una exposición pública, para recordarlo y observar su decrepitud progresiva.

Por supuesto, cuidar su salud para que su estancia sea la más prolongada y no nos dé el disgusto de una muerte indeseada y repentina.

Le garantizaría contar con los elementos indispensables para su detención, y le reservaría un lugar especial a la visita de camaradas y familiares.

Por supuesto, tendría todas las oportunidades para reaparecer en reportajes que ilustren su historia.

Lo último que desearía es que lo detengan en una cárcel y que su historia permaneciera oculta.

domingo, 10 de mayo de 2020

Pandemia, política y subjetividad


El 20 de marzo o apenas un poco después de la fecha del inicio de la cuarentena, escribí esta nota en una conversación de las tantas que se mantienen en el Face.
Decía lo siguiente:

A veces es mejor no opinar.
Hasta dudo en hacerlo.
Me arriesgo.

En primer lugar, los que reclaman un sistema único de salud, deberían estudiar un poco más, conocer mejor la constitución del sistema sanitario argentino.
Les advierto: cuesta años examinarlo. Ni hablar de dar respuestas.

Pero como es parte del debate, quiero adelantarles que los tres sub sectores originales, hoy se entrelazan y sus límites se han hecho difusos.
Muchos trabajadores públicos, tienen como obra social a Medicus. Ejemplo: los legisladores porteños.

Luego, la desregulación de las obras sociales, borró los límites y tenemos obras sociales de la seguridad social, que tienen planes pre pagos. Unión Personal con Accord Salud por ejemplo.
Y además, tenemos institutos provinciales, nacionales, en un país federal.

Para no ir tan lejos, Swiss Medical atiende las dos opciones.

Poner bajo control obrero el sistema de salud nacional, implica un cambio social que por ahora no está en la agenda de la clase obrera.
Sería tal vez posible, en el curso de una revolución, que tendría que afrontar además, la construcción de un aparato gubernamental que se hiciera cargo de la fragmentación del sistema.
Mejor, hoy, bajar a la tierra.

Coronavirus: no hay medidas de bioseguridad para aplicar en fábricas, talleres, etc, que impidan la expansión del virus, como si fuera aplicar zapatos de seguridad, casco, pisos antideslizantes, etc
El que pide esas medidas, es un ignorante.
Si estamos hablando de contagio interpersonal por vía respiratoria, lo único posible es aislar el afectado.
Pero resulta que el afectado no es un trabajador de una sección, al que le damos una licencia.
Es la comunidad.
Hay ejemplos.

Entonces llegamos al aislamiento.
Es una medida antipática.
Difícil de controlar.
El mayor problema es que el virus no obedece a ninguna línea política.
Debe ser ateo, además!
Ni comparar con estado de sitio!

Se nota que muchos ni saben lo que es la pérdida de las libertades individuales, y tocan de oído.
Estar perseguido, estar oculto, estar con miedo y con estado de sitio, es otra cosa.
No hay que decir macanas.
Los que dicen que faltan respiradores dicen tonterías.
Todavía no tenemos los enfermos ni sabemos si esta cuarentena puede reducir los casos.
Se llama política de reducción de daños.

La izquierda revolucionaria debería tener una posición general sobre la salud.
Una tesis general.
El Partido Obrero no la tiene.
Posee un decálogo de posiciones coyunturales, muy gremiales, reivindicativas, nada más.
El resto, ni eso.
Las consignas deben servir para organizar.
De lo contrario, son anuncios de ocasión.
Y además, sin adherentes.

Pasados 53 días de la cuarentena, la curva de crecimiento de los casos de COVID19, se desarrolla muchísimo mejor que en los países vecinos, que en Europa central, que en los EEUU, así como el número de casos de fallecimiento, nos coloca muy por debajo de las cifras de Brasil y Chile, sólo por dar un ejemplo.

Si bien la expansión de la pandemia no está controlada, en Argentina se observa un escenario que dista de las proyecciones apocalípticas que tomaron como ejemplo el desastre en Italia, España y ahora en los EEUU.

¿Significa que el coronavirus no penetró en nuestro territorio?
No. La distribución de casos confirmados ubica el mayor número de enfermos en la CABA y en el AMBA (Area Metropolitana Buenos Aires).

Es un resultado esperable, ya que las posibilidades de contagio aumentan de acuerdo a la densidad poblacional.
En pocas palabras: el distanciamiento social limita el contagio.

Para los que criticaron la cuarentena obligatoria, los resultados obtenidos los obliga a repensar sus argumentos.
Los que hablaron de estado de sitio, necesitan un tratamiento especial.
Allá ellos.

El problema inicial, se planteó en términos de salud y evitación de muertes o preservación de la economía.
Como si la economía no fuera una parte esencial de la salud, la falsa dicotomía alentó la rivalidad.

Para peor, los que creyeron que el problema se solucionaba con la unificación del sistema de salud, como si no estuviera unificado bajo las condiciones de la organización capitalista del estado, encontraron que inicialmente, la carga mayor de afectados en la CABA por ejemplo, fueron asistidos en el sistema “privado”.

Pero resulta que al sistema privado de medicina prepaga, que consiste en un seguro de pago anticipado por la atención de la salud, acudieron trabajadores registrados que optaron por la desregulación de las obras sociales (a favor del negocio compartido entre la seguridad social y las empresas privadas), demoliendo la falsa segmentación del negocio capitalista de la salud, que tanto ha dado tema a la intelectualidad, al sanitarismo y sorpresa, tanto a la izquierda como al liberalismo nativo.

El problema ha sido planteado en términos de Estado versus privados, como si el Estado fuera una salvaguarda del interés social de los trabajadores en general.

Basta con ver sentados en todas las oportunidades que tuvieron, al Presidente, al Jefe de Gobierno porteño y al Gobernador de la provincia de mayor concentración de población del país, compartiendo las mismas opiniones sobre salud, economía y cuarentena!

Podríamos decir que los une el espanto, pero la realidad es que los unifica el mismo carácter social de la clase que representan, aún con diferencias, que en la práctica terminan borrándose.
Es decir: se adaptan a las necesidades del orden capitalista.

Todos ceden a las pretensiones de los bancos, de los mayoristas y comerciantes y saltean la situación real de nuestra sociedad, definida por la pobreza y la marginalidad, socias inseparables de las enfermedades.

Los peronistas se olvidaron de Carrillo y ni sabían que Virchow en el siglo XIX adelantaba que la ciencia y la medicina científica no debían ser separadas de la realidad sociopolítica.

Tampoco se enteraron de Engels en La Condición de la Clase Obrera en Inglaterra.

Dijo Virchow: “La medicina es una ciencia social y la política no es más que medicina en una escala más amplia” (“Die Medizin ist eine soziale Wissenschaft, und die Politik ist nichts weiter als Medizin im Großen“).

Volviendo al asunto, es obvio que la disminución del flujo de dinero, el cierre del comercio minorista, el aumento de precios y la desocupación, quebraron la economía de la clase trabajadora, de los sectores que se auto perciben como medios, y de la pequeña burguesía urbana, comerciantes y profesionales independientes (también auto percibidos como profesiones liberales, la gran mayoría ¡asalariados!).

En esta etapa de la pandemia, abiertos algunos límites de la cuarentena, todos ponen el ojo en las zonas más pobres dela CABA y conurbano bonaerense.

Saben que donde faltan viviendas, cloacas y agua corriente, la progresión de los contagios es una realidad insoslayable.

Apuntan a individualizar a los enfermos sintomáticos, a los contactos “estrechos”, a los enfermos asintomáticos y establecer un mapa de riesgo.

Ese es el sentido de la flexibilización de la cuarentena: una maniobra para abrir el mercado y bloquear los contagios.

Pero el problema de fondo es el orden social que sustenta la situación de riesgo.

Si persisten las condiciones sociales, si el orden social condena a los que habitan los conglomerados urbanos que alojan la pobreza, el pronóstico es desfavorable.

Desde siempre, el cambio del orden social, está a la orden del día.
La subjetividad de la masa trabajadora no lo percibe.
Esa sigue siendo como siempre, la clave del problema.

martes, 5 de mayo de 2020

Reflexiones sobre el covid19, los trabajadores de salud y la economía


Conviene aclarar algunas cuestiones, ya que un análisis equivocado, como siempre, lleva a conclusiones aún peores.

No sé cómo se asevera que los  testeos voluntarios en las estaciones de tren están mal realizados.

Lo cierto es que el examen serológico determina un pool de IgG e IgM, con buen valor de sensibilidad y especificidad.
Los resultados se obtienen luego de 20 minutos aproximadamente, y la muestra es por punción del dedo (gota de sangre).
El equipo está estandarizado.

Estas determinaciones rápidas no establecen la presencia del virus.
Los casos positivos deben realizar una PRC (prueba molecular) que demora entre 6 y 8 horas; las personas que tienen serología positiva deben ser aisladas hasta obtener el resultado de la PCR.

Como cualquiera opina sin saber, las conclusiones son nefastas.
El universo que se testeó en Constitución, fue voluntario y no delimitó una cohorte particular.
La persona que quería lo realizaba.
Obviamente, todos asintomáticos!

Ni uno de los testeos dio positivo, porque las personas que viajaban y fueron examinadas, no tenían ni síntomas ni experiencia/contacto con el virus.
A pesar de los opinólogos, es una buena noticia.

Significa que no había circulación viral entre los individuos estudiados.
Una muestra pequeña, voluntaria y de la que no se podrán obtener más conclusiones que los resultados hallados.

Para los que denuncian el crecimiento de los casos en los centros de mayor concentración urbana, debo decirles que esa es la característica del comportamiento del covid19.
Lógicamente, a pesar de los opinólogos, en los distritos de menor concentración poblacional, habrá menos casos.
Lógica de almacenero.

Sin embargo, el crecimiento de los casos sigue siendo bajo.
Y los casos sospechosos, en su mayoría terminan siendo negativos!
Por suerte, a pesar de la mala leche de muchos críticos, tenemos pocos casos de personas enfermas.

Hacer un pronóstico de catástrofe, es la anticipación del apocalipsis, el que nunca hasta ahora sucedió.

Entiendo que algunos critican por criticar, pero la realidad se impone.
No tenemos la expansión de la pandemia sino que estamos transitando un crecimiento limitado, afortunadamente.

Los que descubren que la salud estaba en terapia, deberían analizar el cuadro completo y denunciar el negocio capitalista de la salud.

Hay que examinar el problema desde la perspectiva de la sociedad de clases.

La cantidad de camas, recursos físicos, pueden o no ser suficientes, pero el problema no es medir si en el caso de la catástrofe...qué sucedería.

En primer lugar porque si ocurre el apocalipsis, la situación sería otra absolutamente distinta.
Informes serios señalan que en el curso de la pandemia en nuestro país, han disminuido los casos de afecciones vasculares graves (IAM. ACV) y es ostensiblemente menor el número de consultas ambulatorias, más allá de las limitaciones del aislamiento.

Si hacemos un análisis de los casos entre trabajadores de salud en general, vamos a tener que diferenciar los diferentes tipos de exposición de cada uno, ya que no es lo mismo trabajar en circuitos cerrados, en una guardia, en una UFU, en un geriátrico o en una clínica privada.

Ahora resulta que muchos descubren que los geriátricos no estaban habilitados y que el personal era multifuncional.
Se despertaron tarde.

En los servicios donde se trabaja con enfermos sospechosos o confirmados, los equipos de protección personal no pueden faltar, porque no podrían atenderlos.
Es como pensar que el cirujano ingresa al quirófano y no tiene las manos lavadas, no usa camisolín y no tiene guantes.
En los lugares de atención que no cumplen con las medidas de bioseguridad, y que asisten a pacientes respiratorios febriles el riesgo es mayor.
Si faltan EPP, hay que reclamarlos.

No tenemos casos de contagios provenientes de contactos primarios en áreas dentro de los hospitales.
No es un dato menor.

En opinión de muchos colegas, el lugar de trabajo, bajo las condiciones adecuadas, es el lugar más seguro.
Lo sabemos desde la epidemia de tuberculosis intrahospitalaria ocurrida en 1994.

Hasta hoy, no se produjo una expansión en los servicios de salud, ocasionados por contacto en las áreas de trabajo, o en circuitos que están debidamente aislados.
No hay casos de contagio en áreas de trabajo covid en los hospitales públicos de la CABA.

Los casos encontrados, tenían relación epidemiológica extrahospitalaria.
No estamos observando un crecimiento particular.
Lo que sucede es que el denominador de casos comunitarios es bajo y el personal que atiende enfermos fuera del sector hospitalario público, tiene mayor número de casos, porque está en contacto directo con personas positivas (tal el caso de los geriátricos, ejemplo de multiempleo y multifuncionalidad).
La proporción entonces resulta mayor.
Si crece el número comunitario, baja el numerador (salud).

Quienes trabajamos en áreas covid, sabemos que tenemos que cumplir con todas las medidas de bioseguridad.
¿Hacer testeos masivos?
Serviría como encuesta epidemiológica, pero nada más.
¿Dónde sería adecuado?
En áreas de trabajadores de la salud, para evaluar la posibilidad de portadores que eliminen virus.

En un hospital, todos son trabajadores de la salud.
Incluso el vendedor del bar!

Entonces, es muy difícil establecer el origen de un posible caso.
Es el problema del contagio horizontal.
Ya lo vivimos con la gripe.
Y también con la tuberculosis.

Obviamente, una apertura del transporte, de la actividad comercial, de la industria, incrementará por lo menos el riesgo, sino los casos.
Las industrias deberán iniciar la apertura bajo condiciones de bioseguridad: ¿cómo sería una línea de montaje? ¿Se podría cumplir el distanciamiento social?
¿Cómo se manejaría la industria automotriz?

Hay sobrados ejemplos que requieren respuestas precisas y no la vaguedad de comisiones, ya que el problema es nuevo y se requiere mucho estudio para establecer medidas seguras.

La apertura económica reclamada desde muchos y distintos sectores, que incluyen pequeños comerciantes de barrio hasta multinacionales (Techint), obedece a la crisis de consumo.
La caída del consumo es el problema central.
Y por supuesto, la caída de las exportaciones.

Los que proponen la unificación del sistema de salud, desconocen que el sistema ya está unificado.

Los subsectores en que se distribuye el negocio capitalista de la salud, están unificados bajo el capitalismo desde hace rato.

Reclamar un sistema único, es desconocer que los límites de los subsectores ya no existen.
Todo el negocio de la salud, está dividido en diferentes patronales, todas bajo las mismas condiciones sociales.

Lo que tendríamos que reclamar es el control del estado de todo el sistema, y en tal caso, sería una medida limitada, porque el carácter del estado, determina los intereses de su administración.

La fragmentación del sistema sanitario nacional, es solo una fragmentación del financiamiento y de los orígenes del mismo.
La desregulación de las obras sociales, la disolución de los límites de la seguridad social, operan en sentido de la unificación del sistema, con diferentes patronales.

Luis Trombetta.
Médico infectólogo.
Prof. Adjunto UBA

lunes, 20 de abril de 2020

El impacto del covid19 en los trabajadores de la salud.


Multiempleo y riesgo laboral
El impacto del covid19 en los trabajadores de la salud.

En conjunto, los trabajadores de la salud enfrentan el impacto directo de la pandemia de coronavirus.
Si bien en las últimas 5 décadas hemos enfrentado enfermedades transmisibles de alto riesgo en el entorno laboral, el covid19 encuentra en los trabajadores de la salud, un blanco particular.
Las medidas de bioseguridad ante el riesgo de exposición biológico, han operado un cambio trascendente a partir de la epidemia del VIH.

En los 80 la aparición del virus de la inmunodeficiencia humana impuso la adopción de medidas estrictas de bioseguridad, para evitar el contagio durante la exposición accidental a la sangre y otros derivados que contenían el VIH, así como al virus de la hepatitis B y C.
Fue un aprendizaje que requirió entrenamiento, adopción de medidas de barrera efectivas y comprensión de la naturaleza de la enfermedad.
A partir de la introducción de tratamiento de alta eficacia, la epidemia de sida modificó su curso natural y en la actualidad los tratamientos han superado los pronósticos ominosos de aquellos años.

Sin embargo, las medidas de bioseguridad se mantienen y fueron adoptadas universalmente.
La aparición de un nuevo virus, de transmisión por contacto y por vía respiratoria, de rápida expansión y fácil contagio, ha introducido nuevas categorías de control de exposición laboral de origen biológico.

En la práctica se traduce en la adopción de nuevas conductas, cambio de hábitos en el desempeño de nuestra labor y por supuesto, el cumplimiento de reglas que incluyen la vestimenta, el distanciamiento, y las conocidas medidas universales, entre ellas el lavado de manos.

En este escenario, la totalidad de los trabajadores de la salud, tanto en el ámbito público, privado o de la seguridad social, enfrentamos las limitaciones manifiestas en la inexperiencia con este nuevo agente, y las condiciones materiales de nuestros empleos.

Es indudable que las condiciones salariales en particular en el sector de la enfermería, obligan al multiempleo, situación de la que no están exentas las demás profesiones.
Esta condición laboral, implica el riesgo de la transmisión del covid y de otras patologías infecciosas, en la medida que el trabajador se desempeña en diferentes instituciones con diferentes niveles de protección.

En el caso de los enfermeros que cumplen tareas en distintas instituciones y bajo diferentes regímenes de trabajo, se observa el riesgo de transmisión horizontal, es decir, entre áreas en las que cumplen funciones similares y aún disímiles.

En circuitos cerrados como la terapia intensiva y tal vez en salas de internación general, el riesgo de transmisión se relaciona con la calidad del cumplimiento de las reglas de bioseguridad.

El trabajador que se desempeña en diferentes posiciones laborales, multiplica el riesgo.
Las condiciones materiales del empleo en salud, son anteriores a la irrupción de covid19, pero las características de la pandemia han puesto el problema en el ojo de la tormenta.

En el caso de los trabajadores que se exponen directamente a la asistencia de los casos sospechosos y de los enfermos confirmados, la falta de los equipos de protección personal es una limitante absoluta para el desempeño de la tarea.

Por lo tanto, no es posible asistir a ninguna de las consultas presenciales ni a los casos hospitalizados, sin la provisión de los equipos de calidad reconocida.
Asimismo, los protocolos son de cumplimiento obligatorio.

La sola ausencia de los EPP o el incumplimiento del protocolo de asistencia, es suficiente para que el trabajador se niegue a exponerse al contagio.

Si las instituciones de cualquier origen no cumplen con los requisitos obligatorios, no solo el trabajador debe exigir su cumplimiento, sino que la autoridad sanitaria pertinente, debe vigilar el cumplimiento y la ejecución de los protocolos para la gestión del covid19.

En primer lugar se debe esclarecer a los trabajadores y asimismo a la clase trabajadora en general y a la opinión pública, que no se trata de una guerra, que no hay voluntarismo ni héroes y que el trabajo debe ser remunerado, el trabajador tiene que contar con los recursos físicos, la patronal privada y el estado deben asistir las necesidades y los requerimientos obligatorios y por supuesto, debe haber reconocimiento de la tarea de riesgo, bajo la modalidad de ART.

Un elemento no menor es el agotamiento del personal de salud, tanto desde la capacidad física como emocional.
El impacto psíquico y la exigencia intelectual y física, deben preservarse y es obligatoria la vigilancia y el resguardo de la integridad del trabajador, en el curso de una pandemia que tiene como primeros trabajadores en riesgo, a los de la salud.
Cuidar al que cuida debería ser una consigna para el conjunto de la comunidad sanitaria.
No olvidemos que en una institución de salud, hay múltiples actividades, oficios, profesiones que hacen a la estructura de la institución.

Por último, el control de la salud de los trabajadores y la obligatoriedad del cumplimiento de los protocolos de atención, son elementos fundamentales para la identificación de los casos sospechosos y de la atención de los mismos.

Las representaciones sindicales deben mantener una constante vigilancia sobre el cumplimiento de las recomendaciones de responsabilidad patronal, desde los EPP hasta la evaluación del estrés laboral y los casos de burnout laboral, o síndrome del quemado en el trabajo.

La organización de los trabajadores bajo condiciones excepcionales, en referencia al aislamiento o distanciamiento social, no debe ser suspendida.
Deberá adoptar las características que permitan su desenvolvimiento, de acuerdo al lugar y las condiciones de trabajo.

El trabajo bajo las condiciones del capitalismo es alienante y solo será superado por un cambio en el régimen social, bajo la conducción de la clase trabajadora.
La pandemia del coronavirus, es el nuevo escenario en el que clase obrera deberá asumir la consigna de 1914: socialismo o barbarie.
Luis Trombetta.
19/04/2020

martes, 10 de marzo de 2020

La sorpresa de un ministro.

Si algo completaba el escenario del desconcierto sobre el futuro inmediato de nuestro país, la confesión del ministro fue reveladora.

En una sociedad empobrecida, con familias adeudadas con las tarjetas de crédito, jubilaciones que no cubren los mínimos gastos de subsistencia, empleo informal y el riesgo inminente de cesación de pagos, la llegada del covid19 sólo aumentó la incertidumbre en la población.

Porque la admisión del ministro no sólo es un error de cálculo, sino el fracaso rotundo de una política consciente de contención social, ante la inevitable crisis sanitaria que recorre el mundo y que ha llegado al país.

Porque la política de medidas progresivas, la " fase de contención" que argumentó la autoridad sanitaria, estaba inscrita en la necesidad de contener mucho más que al virus, el reclamo de una sociedad que comienza a percibir el riesgo de la salud de todo el cuerpo social.

Ante precios de medicamentos inaccesibles, alimentos que no paran de aumentar, salarios insuficientes, el peligro de una extensión incontrolable de coronavirus, plantea la inminencia de una crisis social que superaría la contención operada desde la coalición gobernante.

Ese es el transfondo de las medidas progresivas, que como ya he señalado, corren por detrás de los hechos.
La denuncia del colapso de la guardia del Argerich es un llamado de urgencia, que pone las cosas en su lugar.

El gobierno porteño lo atribuye a una maniobra kirchnerista, pero no puede ocultar que 40 empleados de ese hospital inician el aislamiento en sus domicilios.

Los intentos por bajarle el precio al problema resultan más ridículos aún.
Porque si el dengue y el sarampión son más importantes según el propio ministro, ahora deberá admitir que se sumó repentinamente, la tercer preocupación!

Cuando los argumentos políticos pretenden conducir el curso de una pandemia, y rebajar el nivel de alerta para adaptarlo con los recursos escasos, las víctimas de esas decisiones se multiplicarán.
El gobierno opera contra reloj.
¿Espera enlentecer el curso de la enfermedad?
El virus sorprendió al ministro.

domingo, 8 de marzo de 2020

Covid19: la crisis sanitaria internacional llega a la Argentina.


En toda sociedad, tratárase de Europa, de una región no europea sometida a la transformación del desarrollo o de una colonia europea propiamente dicha, una epidemia influía sobre la relación de poder entre la minoría dominante y la mayoría dominada. Obviamente, eran los gobernantes quienes determinaban la respuesta oficial a la enfermedad.
Sheldon Watts
Epidemias y poder.
Historia, enfermedad, imperialismo.

El SARS.
Cuando la alarma se generalizó por el tráfico aéreo intercontinental, la situación ya se había complicado. En ausencia de una vacuna, la primera medida de defensa fue la mascarilla quirúrgica protectora, que pronto se volvió parte del panorama en las calles de beijing y Toronto.
Frederick F. Cartwright – Michael Biddis
Grandes pestes de la historia.


Hoy se conocen nuevos casos de personas afectadas por el covid19.

El número creciente de casos, aún en mínima escala, plantea un escenario de multiplicación de consultas, nuevos casos, extensión geográfica y una mayor demanda de servicios asistenciales.
Las directivas lanzadas desde el ministerio de salud, desde la universidad de Buenos Aires, y la información que se difunden por diferentes medios, contemporizan la posibilidad de contener el avance de la enfermedad, en los límites de una difusión sin organizar a la población, como las medidas que ya fueron adoptadas en los países de Europa.

La estrategia que adopta el gobierno, se diferencia de la adoptada contra el dengue, ya que en ésta, le propone a la comunidad que descacharrice, combata al mosquito en sus criaderos, participé activamente en la acción contra el dengue.
En cambio, frente al coronavirus, las directivas se dirigen a que las personas que presenten síntomas, consulten telefónicamente, e inclusive eviten el desplazamiento.

Es una estrategia que corre por detrás del problema.

En una situación de contingencia, es necesario movilizar a toda la población, para preparar un escenario que supere la capacidad de respuesta existente.
Por ahora hacen sus negocios los vendedores de barbijos, alcohol gel y desinfectantes.
Ellos la tienen clara: no hay que desaprovechar oportunidades de ganar dinero.

¿Podría el gobierno contener una demanda social incrementada por un número mayor y creciente de casos?
Esa es la clave de este tiempo.
Luis Trombetta

domingo, 12 de enero de 2020

Esperando el índice de diciembre, avisame si hay aumento.


Avisame si hay aumento

Las discusiones paritarias entre la Asociación de Médicos Municipales (digamos entre sus auto elegidos “representantes paritarios”) y el Gobierno de la CABA (el empleador), transcurren (si es que se puede decir así) en el más hermético de los secretos.
No es la primera vez y aunque desearía que fuera la última, el futuro acuerdo salarial, seguirá siendo un tributo a la confidencialidad.

El cumplimiento de la cláusula de revisión (ya que en nuestra paritaria siquiera se habla de “gatillo”), es una deuda impaga.

En primer lugar porque ambas partes se esfuerzan por dilatar el asunto.

Bien porque la AMM firmó un acuerdo a la baja, que significó un 19% para el 2019, sin actualización de la pérdida del 2018, y que su reconocimiento por parte de la dirigencia firmante, sería la admisión de su responsabilidad.

Bien porque el gobierno del macrista peronista Rodriguez Larreta, único sobreviviente del naufragio amarillo, tampoco se dispone a pagar, si no es con una quita de la actualización que surgiera del cómputo del incremento real de la inflación, y digamos del remanido poder de recuperación del salario.

Como un dueto perfecto, ambos se esfuerzan por hacer pasar un camello por el ojo de una aguja.
Mientras tanto, a los ricos no les preocupa el reino de los cielos.

Porque la ciudad más rica del país, mantiene el déficit edilicio de los hospitales, y hasta el mobiliario de nuestros lugares de trabajo, los proveemos con sillas y escritorios, provenientes de nuestras propias “solidarias donaciones”.

No hay duda que la promesa pejotista kirchnerista de que “habrá 2019”, cumplió su función desmovilizadora.

La inesperada reacción, organización y lucha de los “residentes”, le puso un freno al macrismo pejotismo porteño, liquidando la deseada flexibilización laboral y salarial auspiciada por el gobierno.

Los jóvenes sorprendieron a tirios y troyanos: la AMM hizo mutis por el foro, el gobierno reculó, la ministra se excusó (ahora va de diputada!) y Larreta recibió un mazazo.

Un triunfo que dejó al descubierto a la dirigencia de la AMM, a la Lista 10 y seamos sinceros, también al Frente de Recuperación Gremial!
La siesta de la “oposición sindical en la AMM”, no los justifica ni los exonera.

Y así llegamos a enero, esperando que los vientos nos lleven las noticias del aumento del IPCBA diciembre 2019 (en castellano, la inflación de diciembre), para sumar el desfasaje del salario y aplicar la revisión salarial.

Unos médicos amigos, impulsados por el alegría navideña, hicieron un cálculo que dotado de generosidad contable, provocó un festejo anticipado.

Como si verdaderamente tuviéramos que esperar el índice de diciembre (más cerca de 4% que de ningún otro dígito), ya sabemos que el gobierno nacional, flamante y recién estrenado, aboga por aumentos de salarios en cuotas fijas, huyendo de las paritarias como “huir como si quemara la sombra”, con perdón de Marçal Font i Espí.

Volviendo al asunto, mientras los delegados paritarios y la patronal esperan que el número mágico salga en beneficio del ajuste, la mala noticia es que la inflación nos come el salario, el aumento del ABL en la CABA no perdona, el IVA a los alimentos corre por cuenta del plan solidario nacional, y nos acercamos a una versión vernácula remasterizada de ¡piove, governo ladro!

Y “a quien le quepa el sayo, que se lo ponga”.

Cada vez que se evoca la “cláusula gatillo”, más nos acercamos al corchazo autoinflingido.
Será porque el calor nos tuerce la puntería.

Luis Trombetta
Enero 2020